Cómo afecta la soledad en las diferentes etapas de la vida

La soledad se refiere a la angustia subjetiva causada por la sensación de que la persona no tiene la compañía que desea. Esto hace que las personas se sientan solas, incluso cuando hay gente a su alrededor, cuando viven en pareja o en familia y hasta al estar en medio de una multitud.

El sentimiento de soledad puede coincidir con algunos acontecimientos vinculados a las etapas evolutivas por las que atravesamos a lo largo de nuestra vida. Así, en la etapa llamada del nido vacío, llamada así cuando los hijos salen del hogar, la pareja necesita volver a acomodarse a la nueva situación y encontrar sentido a la convivencia. Superar con éxito esta etapa supone poder adaptarnos a la nueva situación. Cuando no somos capaces de enfrentarnos a este primer desafío, es cuando sobreviene ese sentimiento de soledad y de tristeza propio de esta etapa del nido vacío. Superarla con éxito, por el contrario, prepara para las etapas posteriores, como la de la madurez y de la vejez, y así podremos afrontar mejor ese sentimiento de soledad si sobreviene.

¿Cómo afecta la soledad a lo largo de la vida?

Por lo general, la soledad se suele relacionar en gran medida con el envejecimiento. Cuando los hijos se han ido, los amigos empiezan a fallecer y las personas pueden quedar viudas. Sin embargo, la realidad es bastante diferente, puesto que la soledad está presente a lo largo de la vida y afecta en especial a ciertos rangos de edad específicos. 

La soledad, de moderada a severa, está presente a lo largo de la vida adulta y ningún grupo de edad es inmune a ella; pero es particularmente intensa durante tres períodos de edad: finales de los 20, mediados de los 50 y finales de los 80. 

Las causas de la soledad son complejas y multifacéticas. Hay factores genéticos y biológicos, pero también están involucradas muchas variables sociodemográficas, como la capacidad de relacionarse con los demás y el estrés vinculado con el lugar de trabajo o las relaciones familiares. Dicho esto, la edad ciertamente juega un papel en la aparición y acentuamiento de esa sensación. Hoy es común encontrar personas jóvenes o de mediana edad formando parte de una categoría de solos, solteros o solitarios, cuya soledad tiene más que ver con la elección de un tipo de vida que con la antigua soledad.

La soledad en los 20

Durante esta etapa, las personas se suelen enfrentar a la toma de múltiples decisiones que podrían afectar el resto de su vida, como iniciar una vida independiente fuera de la casa de los padres, establecerse en una ciudad o región en particular, encaminar el rumbo de su profesión y elegir un compañero de vida potencial con miras a formar una familia. 

En varios de estos temas suele existir una enorme presión tanto familiar como social y cultural, lo cual hace que las personas se agobien al pensar que lo hacen mal, que otros de su misma edad ya hicieron o lograron lo que ellos no, etcétera. La década de los 20 es un momento de gran expectativa y mayor incertidumbre, lo que alimenta el estrés, pero también la resiliencia. Sumidos en sus propios mundos, los veinteañeros pueden sentir que nadie sabe o entiende bien lo que viven y sienten, y eso los hace sentirse profundamente solos en muchos casos.   

La soledad a mediados de los 50

A mediados de los 50, muchas de las primeras pruebas y tribulaciones de la vida se han resuelto. La gente se ha casado, ha formado familias, ha establecido carreras y los hijos han crecido. Hay menos incertidumbre en esas esferas, pero surge una nueva angustia por lo que se avecina.

Este es el período de la tan mencionada crisis de la mediana edad. Las mujeres experimentan la menopausia y los hombres enfrentan la andropausia equivalente. Es la generación que de pronto se encuentra libre de las responsabilidades de los hijos, pero adquiere dos nuevas y muy grandes: cuidar de los nietos y de sus propios padres que envejecen.

En esta edad, algunos amigos cercanos o familiares mueren, empiezan los diagnósticos de diferentes enfermedades, muchas de ellas crónicas, como hipertensión o diabetes, y la mortalidad se convierte en una amenaza real. 

En esta etapa, las personas también pueden sentirse incomprendidas y se ven abrumadas con las responsabilidades que recaen en ellas y que muchas veces las rebasan, lo cual poco a poco los conduce a la sensación de soledad.

La soledad a finales de los 80

En este punto de la vida, la soledad puede ser la consecuencia de haber sobrevivido a parejas, compañeros, amigos y familiares. Las personas de esta edad pueden sentirse solas porque aquellos que les brindaban su compañía se han ido, además de que eso les hace pensar en que su momento de partir se acerca de forma inminente. 

Aparecen los temores por las enfermedades degenerativas, como el Alzheimer, y el deterioro físico y mental en general, lo que podría llegar a volverlos dependientes de los demás.

En cualquiera de las etapas de la vida, la solución para moderar la soledad está en vivir con sabiduría a través de las cualidades que ésta incluye, como: 

  • La capacidad de regular las emociones.
  • Practicar la introspección y la reflexión.
  • Ser compasivo y empático con uno mismo y con los demás.
  • Ser tolerante ante los puntos de vista diversos y opuestos.
  • Ser decisivo cuando sea necesario. 

La soledad no siempre debe ser considerada como la ausencia de compañía, que viene siendo en realidad una soledad social; dentro del individuo la soledad se convierte en una experiencia subjetiva muy compleja que tiene su origen en la forma o en el modo en el que cada individuo percibe la calidad de sus relaciones. En otras palabras, el estado emocional llamado soledad se ubica en el lugar de las percepciones, lo que le confiere categoría única y personal.