Un accidente cerebrovascular ocurre cuando el suministro de sangre a una parte del cerebro se interrumpe o se reduce, lo que impide que el tejido cerebral reciba oxígeno y nutrientes. Esta enfermedad cardiovascular se ubica entre las principales causas de mortalidad.

Existen dos tipos:

  • Isquémico: donde disminuye la llegada de oxígeno al cerebro, producto de alteraciones en la circulación arterial.
  • Hemorrágico: se produce por hipertensión arterial, traumatismo, malformaciones congénitas o como una alteración del isquémico.

Conocer y controlar tus factores de riesgo de accidente cerebrovascular, seguir las recomendaciones de tu médico y adoptar un estilo de vida saludable son los mejores pasos que puedes tomar para prevenir esta afección. Si has tenido un accidente cerebrovascular o un ataque isquémico transitorio, estas medidas podrían ayudar a prevenir otro. Los cuidados de seguimiento que recibas en el hospital y después, también pueden jugar un papel fundamental.

  • Controlar la presión arterial alta (hipertensión). Esta es una de las cosas más importantes que puedes hacer para reducir el riesgo. Si has tenido un accidente cerebrovascular, bajar tu presión arterial puede ayudar a prevenir un accidente isquémico transitorio o un accidente cerebrovascular posteriores.
  • Reducir la cantidad de colesterol y grasas saturadas en tu dieta. Comer menos colesterol y grasas, especialmente grasas saturadas y grasas trans, puede reducir la acumulación en tus arterias. Si no podés controlar tu colesterol solo a través de cambios en la dieta, tu médico te puede recetar un medicamento para bajarlo.  
  • Evitar el tabaco. Fumar aumenta el riesgo de apoplejía para fumadores y no fumadores expuestos al humo de segunda mano.
  • Controlar la diabetes. La dieta, el ejercicio y la pérdida de peso pueden ayudarte a mantener tu nivel de glucosa sanguínea dentro de un rango saludable
  • Mantener un peso saludable. El sobrepeso contribuye a otros factores de riesgo de accidente cerebrovascular, como la presión arterial alta, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes.
  • Consumir una dieta rica en frutas y verduras. Una dieta que contenga cinco o más porciones diarias de frutas o verduras puede reducir tu riesgo de accidente cerebrovascular.
  • Hacer ejercicio en forma regular. El ejercicio aeróbico reduce tu riesgo de accidente cerebrovascular en muchas maneras. El ejercicio puede reducir tu presión arterial, aumentar tus niveles de colesterol bueno y mejorar la salud general de tus vasos sanguíneos y tu corazón. También te ayuda a perder peso, controlar la diabetes y reducir el estrés.
  • Evitar el alcohol El consumo excesivo de alcohol aumenta el riesgo de hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares isquémicos y hemorrágicos.

Luego del alta por ACV

En el accidente hemorrágico muchas veces es necesario una intervención quirúrgica además del tratamiento médico, para resolver la causa y drenar la sangre.

En el isquémico todo depende del tiempo de evolución, de la extensión del mismo y el compromiso clínico.

Luego de un ACV se puede notar problemas como:

  • Cambios en el comportamiento
  • Al realizar tareas fáciles
  • Memoria
  • Mover un lado del cuerpo
  • Espasmos musculares
  • Atención
  • Sensibilidad o percepción de una parte del cuerpo
  • Tragar
  • Hablar o entender a los demás
  • Pensar

Es posible que se necesite ayuda durante un tiempo, ya que movilizarse y hacer las tareas normales puede ser difícil después de un accidente cerebrocardiovascular. Es importante verificar si la casa es segura. Siempre hay cambios que ayudan a prevenir caídas: eliminar objetos que obstaculicen el paso, colocar pasamanos y antideslizantes en el baño, quitar objetos peligrosos.

A la hora de vestirse, el velcro es mucho más fácil de usar que los botones, cordones o cierres.

Reducir las distracciones y el ruido. Hablar con voz baja y evitar gritar.

Darle tiempo suficiente a la persona para responder preguntas y comprender las instrucciones que se le den. Después de un accidente cerebrovascular, tardará más tiempo en procesar lo que le han dicho.

Usar palabras y frases simples y hablar lentamente. Hacer preguntas de una manera que pueda responder con un sí o un no.

Si es posible, mirarlo a los ojos antes de tocarlo o hablarle.

Usar puntos de apoyo o avisos visuales cuando se pueda. No dar demasiadas opciones. Se puede usar gestos con las manos, señalar o hacer dibujos.