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La llegada del coronavirus (COVID-19) a Uruguay determinó que las autoridades tomaran la decisión de suspender las clases apenas se conocieron los primeros cuatro casos de esta enfermedad. El objetivo de la medida era frenar la circulación del virus y el contagio ya que los niños son considerados los principales transmisores de esta enfermedad, aunque ellos puedan cursarla incluso sin tener síntomas.

A más de dos meses de iniciada la cuarentena, que supuso no solo la suspensión de clases sino también que se pararan las actividad sociales, recreativas, visitas a familiares y encuentros con sus pares, los más pequeños puede que empiecen a sentir los efectos adversos del encierro. El aislamiento puede haber ocasionado, entre ellos, aburrimiento, angustia, inquietud y un estado emocional resquebrajado, sobre todo porque no suelen comprender qué sucede.  

Los más chicos de la casa se preguntan cuándo podrán volver al colegio, cuándo termina el encierro, cuándo pueden volver a ver a los abuelos, si se curarán del virus, en caso de tenerlo, y cómo.

Frente a esta situación, se vuelve necesario que puedan tener momentos de esparcimiento en una plaza o al aire libre, siempre y cuando los padres tomen los recaudos y las precauciones pertinentes para evitar los contagios.

A continuación, una serie de parámetros a analizar que desató esta pandemia y la cuarentena que incide de forma directa en los niños.

El aula virtual

La escuela desde la pantalla es algo complejo de implementar dado que también requiere la presencia de padres y madres que asuman el rol de maestros, o deban turnarse para usar la computadora, si no tienen más de un aparato, sumado a las distracciones constantes presentes en el hogar. Los expertos consideran necesario plantear una escolaridad sin exigencias, entender que todo será distinto y adaptarse a ello.

A su vez, hace falta entender que los niños están en una etapa de la vida donde necesitan interactuar con sus pares y su vida social se ha visto interrumpida porque no hay clases, ni tienen la oportunidad de jugar con amigos en otros ámbitos. Indefectiblemente esto genera ansiedad y por eso se sugiere fijar pautas de convivencia para manejarse con respeto.

La falta de aire y la asfixia informativa

No poder moverse con libertad ni hacer ejercicio físico hace que aumenten los niveles de malhumor entre los niños, quienes también se ven inundados por la cantidad de noticias que desmoralizan su estado anímico. Expertos señalan que el hecho de que la muerte esté rondando todo el tiempo en los medios y haya alusiones constantes, genera que empiecen a aparecer miedos, pesadillas y trastornos del sueño.

Por tal motivo, se aconseja evitar que pasen tanto tiempo frente al televisor, o que el coronavirus sea el único tema de conversación en la casa.

Diálogos esperanzadores

Los especialistas sugieren que es preciso hablar con los niños sin dramatizar, para poder contarles y explicarles con la seriedad que requiere el hecho de que el mundo cambió y que habrá nuevos parámetros.

Es preciso transmitirles seguridad, pero sin generarles falsas expectativas. Si bien tienen que estar al tanto y comprender que se trata de una situación inédita, no se debe dejar de transmitirles esperanza y generales una mirada optimista sobre el futuro.