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El invierno es la estación más temida por las personas con artrosis, artritis, fibromialgia y demás enfermedades osteomusculares, por las personas que han sido intervenidas quirúrgicamente de algún hueso o articulación y por los mayores.

Por otra parte, la economía, las crisis personales, las presiones laborales, el estrés cotidiano, produce un importante desgaste físico y emocional cuya tensión muchas veces se manifiesta a través del cuerpo. Sin embargo, según especialistas, las contracturas de cuello y espalda, son las zonas más afectadas y en invierno ese dolor se intensifica, porque las bajas temperaturas hacen que las personas adopten posturas que favorecen este tipo de lesiones.

Nuestra primera reacción es encogernos. Al doblarnos lo que hacemos es contraer involuntariamente todos los músculos del cuerpo, siendo una de las principales causas que nos provoquen contracturas musculares.

¿Qué otros problemas puede causar el frío?

Ritmo de vida:

En invierno se propicia un cambio en el ciclo del sueño y el ritmo de vida que afecta el descanso, puede haber un sueño no reparador y efectuarse malas posturas.

Cambios de temperatura:

Al caminar por la calle y entrar en un establecimiento puede que la calefacción esté alta, después salimos y volvemos al frío, lo que provoca que el cuerpo sufra y que aumenten los dolores, incluso los de cabeza.

Viejas lesiones:

Cualquier fractura o esguince antiguo puede presentar dolor con las temperaturas frías, por más que ya haya pasado un tiempo desde su tratamiento.

Esto se debe a que las zonas dañadas son mucho más sensibles al frío que las sanas.

Sedentarismo:

Las bajas temperaturas nos invitan a quedarnos disfrutando del calor del hogar, lo que supone una menor actividad física y un empeoramiento del estado anímico y muscular.