El desgarro es la lesión más común que pueden sufrir los músculos y acontece cuando las fibras que componen estas estructuras se rompen. Es fácil identificarlo ya que es antecedido por un dolor muy fuerte, agudo y localizable. Quienes lo han experimentado, comparan el malestar causado con el que provoca una pedrada, sobre todo cuando sucede en el músculo gemelo. 

La mayoría de los deportistas han sido víctimas de este tipo de lesiones, cuya localización más frecuente es en los miembros inferiores, en los músculos gemelos, isquiotibiales y cuádriceps, aunque también puede darse en el miembro superior, a nivel de bíceps, pectorales, tríceps y dorsal.  

El desgarro puede producirse de forma directa, producto de un golpe o choque, por ejemplo, al practicar un deporte de contacto, o al estirarse el músculo más de su capacidad natural. De forma indirecta, en cambio, sucede a raíz de una elongación brusca del músculo, por una contracción rápida y fuerte. 

Este tipo de lesiones se clasifican en tres grados, en función de su gravedad y el número de fibras musculares desgarradas. El tiempo de recuperación varía en relación al grado.  

Grado 1: supone un tirón o distención muscular, el dolor es medio y solo sensible al tacto o presión. Puede haber hematoma o poca inflamación. Los síntomas, como dolor y sensibilidad, pueden durar de dos a cinco días. Y suele implicar entre ocho y diez días de recuperación.

Grado 2: aquí el desgarro del músculo será parcial, y determinará mayor inflamación y un hematoma más profundo. Los síntomas pueden durar algunas semanas, y requiere de 21 a 30 días para rehabilitarse.  

Grado 3: el desagarro muscular será completo en este nivel, con mayor inflamación de la zona e incremento del dolor. El área estará más amoratada y la movilidad resultará más compleja. Los síntomas pueden durar un mes y supone de uno a tres meses de recuperación. 

¿Qué tratamiento debo seguir ante el desgarro?

Los desgarros de grado 1 suelen requerir reposo y algunos estiramientos suaves para curarse, sin plantear mayores problemas. Aquellos de grado 2 o 3 demandarán más tratamiento. A su vez, para disminuir el dolor se puede tomar ibuprofeno, naproxeno o paracetamol.

A continuación, una serie de consejos y recomendaciones a tener en cuenta para aliviar los síntomas.

  • Aplicación de frío: colocá una bolsa de hielo o una compresa fría en la zona del desgarro durante 20 minutos, cada dos o tres horas. Vale aclarar que no se debe poner el hielo de forma directa sobre la piel. Además, el frío en la zona durante la primera etapa permitirá reducir el sangrado, y será clave para lograr una recuperación más rápida.  
  • Reposo y elevación: se aconseja suspender las actividades físicas que provocan dolor, descansar y utilizar lo mínimo indispensable los músculos. Mantener la pierna ligeramente elevada al estar sentado es un buen mecanismo para bajar la hinchazón. Se pueden usar almohadones para dejarla en alto, en caso de resultar más cómodo. Es probable que la persona necesite muletas al moverse.
  • Comprensión: usar una venda o una cinta resulta eficaz para disminuir la inflamación y aliviar el dolor, porque se brinda sostén al músculo.
  • Masaje drenante con precaución:  es recomendable porque ayudar a evacuar el exceso de inflamación y mejora así el cuadro de dolor. Es importante que un profesional evalúe cuándo es mejor realizarlo para evitar las probabilidades de desarrollar una miositis osificante.
  • Evitar aplicar calor sobre el área afectada: puede aumentar la hinchazón y ser un factor que favorezca la miositis osificante.
  • Retomar la actividad: a partir del décimo día, o cuando el dolor haya disminuido lo suficiente, se puede empezar a hacer estiramientos suaves y actividad física leve, como caminatas. Es importante que el médico esté al tanto de la evolución e indique qué ejercicios realizar. A medida que el músculo sane y se fortalezca, se pueden incorporar nuevas disciplinas. Es clave no exigirse demasiado o ir muy rápido, ya que podría suponer una marcha atrás en la recuperación. El dolor es siempre la mejor guía para determinar qué ejercicios hacer y cuáles descartar.
  • Plan de fisioterapia: cuando remitan el dolor y la inflamación, habla con tu médico sobre un programa de rehabilitación que te ayude a recuperar la fuerza y la flexibilidad de la pierna afectada, mientras concluye el proceso curativo.

Prevención: ¿cómo evitar el desgarro?

Cualquier lesión que sucede en nuestro cuerpo es prevenible. En este caso, es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • Realizar calentamiento previo de todas las articulaciones cuando haces deporte o actividad física intensa.
  • Evitar excederse en las actividades que realices: un músculo fatigado no responde bien a cambios de dirección ni puede manejar con rapidez los estímulos que le aplicamos durante el ejercicio. Escucha lo que tu cuerpo te dice, y dale tiempo para que se recupere. Esto te hará cada vez más resistente a las lesiones.
  • Nunca olvides tomar agua. Con la actividad física se pierden muchas sustancias necesarias para el organismo, como agua y sales.
  • Si te lesionaste, respetá las fases del tratamiento. Los estímulos incorrectos pueden hacer que las células del cuerpo se desorganicen. Si esto pasa, el tejido se vuelve frágil y es más propenso a volver a romperse.